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La Última Cena en el Códice Valois Ms. 2020 de la Casanatense

por Martina Pugliesi

LaÚltima Cena representa sin duda uno de los momentos fundamentales del cristianismo, enriquecido por un doble significado: Jesucristo anunciando la traición de Judas y, mediante el acto de partir el pan y compartir el vino con los discípulos, instaurando la Eucaristía.
El episodio se narra tanto en los Evangelios Sinópticos (Mateo 26.20-30; Marcos 14.17-26; Lucas 22.14-39) como en el de Juan (13.1-20).

El reto para los artistas a lo largo de los siglos ha sido intentar representar el dramatismo del momento en los rostros de los protagonistas, por un lado, y la solemnidad del nacimiento del sacramento central para la religión católica, por otro.

En la miniatura que se muestra aquí(Ms 2020, c38r), los personajes están sentados a una mesa redonda que, sin embargo, para dar una sensación de mayor profundidad y poder representar a cada personaje de forma adecuada, adopta una forma casi triangular.
Es una mesa desnuda: puesta con un sencillo mantel blanco, no hay platos ni utensilios.
En el centro está el pan, único elemento presente, destinado a subrayar la gravedad del acto representado.

El momento representado es, en efecto, el de la Eucaristía, que culmina con la figura de Jesucristo, colocada naturalmente en el centro de la escena bajo un dosel, en el acto de entregar el pan a Pedro, sentado a su derecha, mientras sujeta el cáliz con la mano izquierda.
Los discípulos, dispuestos en grupos de tres, están sentados en bancos y taburetes.
En el lado opuesto de la mesa al de Jesús, según la tradición, está sentado Judas, reconocible por la ausencia del nimbo y por la bolsa de treinta denarios que aferra con la mano derecha bajo la mesa, como si tratara de ocultar su infidelidad.
La figura del traidor también se acentúa por el color de su túnica, que destaca sobre la de los demás comensales.

A su derecha podemos ver entonces a Tomás levantando un dedo en actitud interrogativa, el mismo dedo que más tarde introduciría, debido a su incredulidad, en la herida de Jesucristo tras su resurrección.

Toda la página está dentro de un marco decorado con numerosas flores sobre las que a veces se posan insectos: una oruga en el margen superior, una mariposa en el inferior, que simbolizan la transformación y el renacimiento.

La miniatura está contenida en el ms. 2020, un Evangelarium también conocido como el Códice Valois debido a su procedencia.
En realidad, el manuscrito fue realizado hacia el primer cuarto del siglo XVI probablemente para Francisco de Valois-Angoulême (1518-1536), Delfín de Francia e hijo del rey Francisco I (1494-1547).

De tamaño más bien pequeño (222x151 mm), el códice, que es membranoso, está escrito en letra redonda antiqua por una sola mano y tiene una encuadernación del siglo XIX.
Fue ejecutado por el célebre Aristide Staderini, conocido por haber introducido el catálogo móvil de fichas en las bibliotecas.

La decoración del códice ha sido muy debatida, pero en los últimos años los estudiosos se inclinan más por atribuir la miniatura a las hábiles manos del Maître de Claude de France, activo en Tours en el siglo XVI.

Archivo de manuscritos sobre Manus

e l’incisione cinquecentesca tratta da un dipinto di Tiziano (20.B.I.78.56), in cui troviamo anche l’amico di sempre (Frate Leone, il quale assiste al prodigio), all’immensità del creato, tanto amato dal Santo, dell’incisione di Egidius Sadeler (20.B.I.90.300), in cui l’uomo si fa piccolo-piccolo di fronte alla grandiosità di una natura straordinariamente immensa.

Questa suggestiva tematica viene interamente ripresa nel volume di primo ‘600 realizzato con la tecnica pop-up (AA.I.3), in cui troviamo un’originalissima descrizione iconografica del monte della Verna in Toscana. Francesco, ancora completamente uniformato a Cristo nella vita e nella morte, tematica centrale del Liber Conformitatum di Bartolomeo da Rinonico in un’edizione del 1590 (CC.V.II), è raffigurato sul frontespizio dell’opera mentre segue Cristo, entrambi caricati del fardello della croce.

La Regola ed il Testamento del Santo sono parte integrante della terza sezione della mostra, nella quale è particolarmente degno di nota lo straordinario manoscritto con segnatura Ms.5240 del XIV secolo, dal titolo Regula fratrum minorum sub seraphico padre Francisco militantium, con miniatura a piena pagina raffigurante, anche in questo caso, Francesco che riceve le stimmate direttamente da Cristo Crocifisso. Qui si passa dal bianco e nero, tipico delle incisioni, alla policromia della miniatura, con un’alternarsi di colori vivi come il verde della natura, l’azzurro del cielo, il marrone del saio del Santo, il rosso della cornice e delle ali di Cristo-Serafino e decorazioni realizzate in foglia d’oro, improntate ad una sobrietà inconsueta.

Questi elementi ritornano anche nelle meravigliose miniature del manoscritto della Legenda Major (Ms.168) del XIV secolo, recante l’immagine di Francesco a mezzo busto su sfondo azzurro e dorato, con dietro il lupo all’interno del capolettera ornato “a” di apparauit e del Libro d’ore (Ms.245) con l’immagine del Santo a figura intera all’interno di una delicatissima cornice lineare in oro, circondata da eleganti motivi floreali in blu, rosso, verde e oro.

Dalle illustrazioni e dalle opere che trattano del Santo come: Legenda Aurea, Legenda Major e Minor, Fioretti, si passa al testo francescano per eccellenza: Il Cantico delle Creature (in questo caso in un’edizione illustrata del 1926), primo testo in volgare italiano, in cui Francesco loda infinitamente Dio ed invita a gioire del sole, della luna, del vento e persino di Sorella Morte perché, anche essa, come tutti gli altri, è stata creata dal Padre Celeste per l’uomo.

Il percorso espositivo si conclude con cinque esemplari della Divina Commedia di Dante, di cui quattro aperti sulla carta iniziale del canto XI del Paradiso, in cui San Tommaso d’Aquino, rivolgendosi a Dante e a Beatrice, prende la parola e pronuncia il celebre elogio di San Francesco, paragonandolo ad un Sole che fin dal suo sorgere ha irradiato il mondo, e della sua città natale, Assisi, nel cuore dell’Umbria, da lui considerata “un nuovo Oriente”. Del quinto esemplare del poema dantesco (VOL.INC.730) si espone l’incipit con l’incontro tra Dante e Virgilio, incorniciato in una monumentale architettura classicheggiante con colonne marmoree, su alto podio policromo, e capitello richiamante lo stile ionico contaminato dal corinzio. In basso è Dante che ascolta Virgilio, dal caratteristico incarnato grigiastro, alla presenza delle tre fiere: la lonza, il leone e la lupa.

Il percorso bibliografico viene ulteriormente abbellito ed impreziosito dall’esposizione di dieci grandi fotografie in bianco e nero realizzate tutte dal nostro fotografo, Giovanni De Angelis, lungo le “Vie di Francesco”.